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Miedo al miedo

16/05/2008

Cada vez más gente vive condicionada por una fobia que le impide hacer una vida normal. Son fobias que, en los casos más graves, frenan incluso a la gente a la hora de salir de casa.

Las fobias son temores irracionales compulsivos pero, generalmente, el problema, más que la fobia en sí, suele ser el temor a los síntomas que pueden desencadenarse en el caso de que una persona se enfrente a esas situaciones. Muchos las evitan, dejan que la fobia vaya ganando terreno en su día a día, y para cuando quieren reaccionar, su vida se ve limitada hasta el extremo.

Cuesta que los fóbicos acudan a un especialista, pero una vez iniciado el tratamiento, los datos son muy positivos: al menos, 7 de cada 10 consiguen superar su afección.

Es imposible contar el número de fobias que existen; hay tantas como situaciones a las que puede enfrentarse una persona. Pero las fobias realmente preocupantes, y por tanto las que se deben tratar, son aquellas que limitan la vida cotidiana de los afectados. Las fobias que más se tratan en las consultas de los especialistas son la agorafobia (la angustia ante los espacios abiertos o despejados), la fobia social (el temor a relacionarse con la gente) o la amaxofobia ( el miedo a conducir).

Es difícil calcular la incidencia de este tipo fobias porque solo uno de cada tres afectados acude a un psicólogo, pero las estadísticas indican que al menos un 7 % de la población padece una fobia incapacitante.

Mikel Elizondo es psicólogo. Tiene consulta en Irun y entre sus pacientes hay muchos que acuden para superar sus fobias. Dice Mikel que una fobia para considerarla como tal tiene que tener tres síntomas: "es un miedo irracional, que produce fuertes niveles de ansiedad y una respuesta de evitación, es decir, que la persona no se enfrente a esa situación que le produce angustia".

Tener miedo es normal según este psicólogo, el problema existe a partir del momento que esos miedos nos incapacitan. A menudo, es ya demasiado tarde para cuando el afectado se da cuenta. "La mayoría de la gente no sabe ni siquiera que esos síntomas que tienen se deben a una fobia", cuenta este psicólogo.

Muchos piensan que solo les pasa a ellos, que están enloqueciendo… y van guardándose para sí esos temores hasta que la situación se vuelve insostenible. Pero este psicólogo afirma rotundamente "que todas las fobias son aprendidas y que por lo tanto, se pueden eliminar". Según las estadísticas, casi todos los pacientes que se someten a tratamiento, consiguen superar o al menos, impedir que la fobia les incapacite en su día a día.

Sin salir de casa

Han pasado ya 9 años desde que Javier superó la agorafobia. Cuenta que lo pasó tan mal que ahora quiere olvidar aquella etapa; ha aceptado contarnos su experiencia solo porque puede ser valiosa para otras personas afectadas, pero nos pide por favor, que no demos su verdadero nombre porque no quiere que nadie le vuelva a relacionar con aquella enfermedad, lejana ya para él.

Javier comenzó de repente a sentir angustia en todos aquellos lugares que hasta entonces había disfrutado. El primer ataque de ansiedad le llegó en el monte: sintió miedo, demasiado miedo. Y ese temor compulsivo se fue haciendo cada vez más presente en su día a día.

"Yo he pasado de no poder subir a mi casa a no poder dejar mi casa", recuerda. "¿Qué limita? Limita todo. Desde no atreverte a salir a un balcón porque puede ser que me tire, o bajar por unas escaleras donde el hueco te está atrayendo como un imán, que no sé si seré capaz de aguantar o si me tiraré por la escalera".

El relato de Javier es escalofriante. Una vez, recuerda, tardó casi una hora intentando alcanzar el octavo piso de una torre porque su subconsciente le impedía pasar del sexto piso. Incluso llegó a recurrir al alcohol para enfrentarse a la agorafobia: "es muy normal que lleves alcohol en el coche y a veces te tienes que parar porque crees que a partir de una curva vas a encontrarte con la muerte. Entonces lo que ocurre es que tienes que parar donde sea y como sea, a veces con peligro, y aunque sean las 10 o las 11 de la mañana, abrir la petaca o la botella y beber, beber".

Javier reaccionó a tiempo; temía caer en el alcoholismo y acudió a un especialista. Pero los datos dicen que entre un 10 y un 20 % de los fóbicos de este tipo termina teniendo problemas con el alcohol. Javier reclama a la administración que tome conciencia de lo incapacitantes que pueden resultar estas patologías.

"Siempre a pie"

Irati jamás sube a un ascensor. Tiene 18 años y hace dos que sufre agorafobia. Ni siquiera ella es capaz de contar qué le ocurre; sabe que no puede hacer aquellas cosas que antes hacía con total normalidad y que ahora le provocan una angustia tremenda.

"En sitios donde hay mucha gente, al coger un avión o al montarme en un tren, siento que me ahogo, que me quedo sin aire, que me va a pasar algo",
relata Irati.

Entre risas, nos cuenta una anécdota: "un día, me puse a bajar por las escaleras mecánicas de un centro comercial. A medio camino, me empecé a agobiar, a pensar que me iba a pasar algo y de repente, estaba ya subiendo en dirección contraria. Iba corriendo, tenía que salir de ahí como fuera".

Irati se dio cuenta de que su fobia estaba recudiendo su vida cotidiana, por lo que decidió acudir a un especialista. Lleva cerca de dos meses de tratamiento y ya ha mejorado mucho. Hoy la hemos traído a un centro comercial y la hemos visto subir y bajar por las escaleras mecánicas. "Antes no podía venir
aquí sola, ahora vengo sin ningún problema", nos cuenta con orgullo. Aún le queda por superar su temor al ascensor.

En el coche, siempre de copiloto

Jaurne tenía permiso de conducir pero no conducía porque sentía un miedo atroz cada vez que intentaba sentarse al volante de un coche. Reconoce que "es un miedo irracional, piensas que te va a pasar algo que no sabes exactamente qué. Es un bloqueo total que te impide pensar. Es tal la angustia que evitas pasar ese mal trago".

Y así, echando mano de familiares, amigos o transporte público, Jaurne ha pasado muchos años sin conducir. "Tardas más tiempo en llegar a los sitios, pero al final llegas. Pero esa no es la cuestión; la cuestión es que ahora tengo una independencia que hasta ahora no he tenido nunca", cuenta Jaurne.

Hace algunos meses, y con la ayuda de especialistas, Jaurne consiguió vencer su amaxofobia. Recuerda orgullosa el primer día que consiguió traer el coche desde Bilbao a Zornotza, un trayecto de unos 20 kilómetros: "Igual para el resto es una chorrada pero para mí era muy importante. El primer día que aparqué y cerré el coche me sentí realizada".

La amaxofobia es una patología reciente en comparación con otras fobias, pero su incidencia está creciendo. En Estados Unidos, afecta a un 8…. de la población y resulta importante por la dependencia cada vez mayor, que tenemos del coche.

Con el tratamiento adecuado y mucha voluntad, pero las fobias se superan. Lo importante, dicen los psicólogos, es evitar que el miedo nos gane la batalla.

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