11/05/2008
Loiolaetxea es una comunidad jesuita en Donostia-San Sebastián que pretende ofrecer un hogar a las personas que abandonan la prisión y se encuentran en riesgo de sufrir marginación social. Gracias a este proyecto, Antonio, nombre ficticio, lleva en la actualidad una vida legal. Dijo adiós a la cárcel hace ya un tiempo y ahora asegura haber encontrado la felicidad.
Conviven jesuitas, ex presidiarios, trabajadores sociales y voluntarios en Loiolaetxea, una bonita y amplia villa situada en el barrio de Gros. Sus puertas siempre están abiertas para proporcionar apoyo a aquellos que la sociedad tiende a marginar. Detrás del proyecto se encuentra también la pastoral penitenciaria de la diócesis de San Sebastián.
Respecto al perfil que responden los que ingresan en Loiolaetxea, el jesuita Manu Arrue ha explicado a EiTB que suelen arrastrar un daño personal y psicológico desde la infancia, "cuando salen de prisión se encuentran solos y desorientados y esta casa se convierte en una referencia. Con el tiempo muchos nos han dicho que la comunidad se parece a una familia", ha afirmado Arrue.
En esta comunidad les ayudan en los trámites y les echan una mano para formarse, hacer cursillos y encontrar trabajo. "Cuando entran en la casa lo primero es darles tranquilidad y que vayan cogiendo confianza. Poco a poco empezamos a orientarles", reflexiona Itziar Zapirain, una de las tres asistentes sociales que trabaja en Loiolaetxea.
La reinserción social comienza al salir de prisión
"En la cárcel todo es corrupción", según Antonio, que ha pasado 11 años entre rejas y que esconde su verdadera identidad cuando habla de su paso por los centros penitenciarios. "Los sicólogos, pedagogos y trabajadores sociales de la prisión sólo figuran para las nóminas. Los que realmente ayudan a la reinserción social son los centros de acogida", lamenta.
Confiesa Antonio que esta casa ha sido un puente. "Ahora tengo novia, casa, trabajo, empleo y soy feliz", reconoce. Admite que cuando cruzó la puerta de la cárcel su intención era fugarse y seguir con la que había sido su vida, pero un jesuita firmó su salida de prisión e ingresó en Loiolaetxea.
La compañía de los voluntarios en la casa es una pieza clave para la reinserción, según ha señalado el jesuita Arrue. "Aquí el voluntariado se reduce a estar presente. Porque cuando uno está presente está abierto a la escucha y al dialogo", aclara Mila Fernández, una de las voluntarias que al menos dos veces por semana acude a Loiolaetxea.
En la Comunidad Autónoma Vasca la población reclusa asciende a 1.388 presos. En Navarra son 265 los internos según datos del Ministerio de Interior. El 92% de los reclusos son hombres y el 8% mujeres. En cuanto a la evolución, los datos apuntan a que en los últimos 18 años se ha duplicado en número de presos en el Estado español.
Encontrar trabajo y mantenerlo
Para la trabajadora social Ana Gastón, que tiene contacto directo con los ex presidiarios, lo más importante no es encontrar trabajo, que de por sí es complicado porque a menudo se topan con las puertas cerradas, sino mantenerlo.
Por eso, una vez que cumplen los objetivos de residencia, pasan a la fase de transición donde continúan teniendo un seguimiento hasta que los ex presos adquieren una conciencia social y son capaces de apañarse solos.
Antonio puede ser el ejemplo. A sus compañeros de la casa les recuerda que si él ha salido del pozo siendo uno de los peores, ellos podrán hacerlo. Por supuesto con voluntad propia "¡porque milagros no existen!", exclama Antonio.
Promocionar esta noticia en:
Último boletín de Radio Euskadi