09/05/2008
Líbano está otra vez al borde de la guerra civil. Puede que sean simplemente unos cuantos días de combates callejeros, como ya pasó hace un año; o puede que se convierta en una guerra como la que empezó en 1975 y no acabó hasta 1989. Si ahora estalla una guerra civil, puede ser incluso más complicada que aquélla.
Entonces había dos bandos más o menos definidos. Por un lado, los cristianos; por otro, los musulmanes. Los palestinos, que también estaban presentes, se aliaron con los musulmanes, y los sirios intervinieron a favor de unos o de otros según les convenía, porque el objetivo último de Siria era controlar Líbano.
Lo de ahora puede ser todavía más complicado, que ya es decir. Los musulmanes se han dividido en dos bandos: los suníes, que apoyan al actual Gobierno, y los chiíes, que quieren derribarlo. Y entre los cristianos, la mayoría están con el Gobierno, pero hay algún partido cristiano que colabora con los chiíes en el intento de derrocar al Gobierno.
Y luego están los que quieren influir en el conflicto desde fuera. Estados Unidos y Francia apoyan al Gobierno. Siria e Irán apoyan a Hizbulá, el principal partido chií. Hizbulá ha creado un Estado paralelo: tiene su propia gente armada, su propio sistema de escuelas, su propio sistema de telecomunicaciones…
Cada vez que el Gobierno central ha querido controlar a Hizbulá o recortar sus poderes, Hizbulá ha respondido a tiros, y así está pasando otra vez.
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