17/03/2008
El Partido Comunista Chino ha reprimido hasta ahora todas las protestas de tipo nacionalista que se han producido dentro de sus fronteras, sobre todo las de los tibetanos y las de los uigures del Xinjiang. Tampoco ha permitido la formación de una oposición, y por eso aplastaron la revuelta estudiantil de 1989 y han encarcelado a miles de seguidores de la secta religiosa Falungong.
La estrategia que está siguiendo el Partido Comunista Chino es hacer una apertura económica, pero sin ninguna reforma política. La obsesión de ese partido por controlarlo todo le ha llevado a reprimir rápidamente las protestas del Tíbet. Pero, por otra parte, China ha hecho una gran apuesta con los Juegos Olímpicos, para los que quedan menos de cinco meses.
Los gobernantes chinos saben que el Dalai Lama, que tiene el Premio Nobel de la Paz, es muy popular en todo el mundo. No pueden correr el riesgo de que se produzca un boicot a los Juegos por culpa de un exceso de represión en el Tíbet. Pero también saben que, aunque todo el mundo simpatiza con la causa del Tíbet, nadie ha reconocido, ni reconocerá, a ese país como independiente, porque nadie se va a arriesgar a dejar de hacer negocios con China. Por eso, no hay duda de que la represión en el Tíbet seguirá, aunque los chinos intentarán no pasarse de la raya.
Promocionar esta noticia en:
Último boletín de Radio Euskadi