21/02/2008
La "guerra de las galaxias" ya ha llegado. Estados Unidos ha destruido un satélite espía suyo que orbitaba a 250 kilómetros por encima de nuestras cabezas mediante un misil que alcanzó una velocidad de 27.000 kilómetros por hora.
La explicación oficial es que ese satélite se estaba cayendo, iba a entrar en la atmósfera y eso podía ser un peligro. Está bien esa explicación, y puede que sea verdad; pero también es verdad que con esta operación los militares han obtenido datos muy importantes para seguir construyendo un escudo antimisiles.
Bush declaró que Estados Unidos no renunciaba al dominio militar del espacio y ha dado un nuevo impulso a la "guerra de las galaxias" que ya lanzó Reagan hace veinte años. No son los americanos los únicos metidos en esta carrera. China disparó hace un año un misil contra un satélite meteorológico en desuso, demostrando su capacidad militar en el espacio; y lo hizo sin avisar, mientras que los americanos han avisado de sus intenciones con tiempo. Rusia también ha llevado a cabo pruebas con misiles en el espacio.
Sin embargo, tanto los chinos como los rusos son conscientes de la superioridad tecnológica estadounidense, y por eso propusieron un tratado que limite o prohiba este tipo de pruebas. Por supuesto, Bush rechazó inmediatamente esa petición y, por lo que se ve, los americanos han seguido adelante con sus planes. Esto recuerda a lo que pasó con los ensayos de bombas atómicas: acabaron pactando su prohibición, pero primero pusieron el planeta hecho un asco haciendo estallar más de mil bombas atómicas, en el aire o bajo tierra, en esos ensayos.
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