13/05/2008
Los Juegos Olímpicos de Pekín iban a ser esa oportunidad, y seguro que serán un éxito, aunque las protestas de los tibetanos los han empañado un poco. Pero es en el terremoto de Sichuan donde realmente deben demostrar los dirigentes chinos que están a la altura de las circunstancias.
Hace tres años, cuando el huracán Katrina asoló Nueva Orleans, el mundo comprendió que algo marchaba mal en Estados Unidos. Que, en el país que se dice el más rico y avanzado del mundo, persistían muchas desigualdades sociales y raciales.
Las instituciones no respondieron a la catástrofe al nivel que se esperaba de Estados Unidos. Otro ejemplo: mucha gente se ha dado cuenta ahora de la existencia de una dictadura en Myanmar, la antigua Birmania, al ver cómo los militares no se preocupan por ayudar a los civiles afectados por el ciclón.
Los gobernantes chinos tienen la oportunidad de demostrar que saben organizarse ante un desastre como éste y que sus Fuerzas Armadas, con casi cuatro millones de soldados, sirven para algo.
Y también que la eficacia se pone por delante del secretismo, que son capaces de dar información,y la verdad es que de momento han empezado bien.
El primer ministro, Wen Jiabao, ya está en la zona dirigiendo los trabajos de rescate, y la televisión china está ofreciendo muchas imágenes. Si China responde adecuadamente a este terremoto, será un éxito propagandístico tan grande como el que esperan cosechar con los Juegos Olímpicos.
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