08/09/2008
La Unión Europea va a hacer hoy un esfuerzo para desbloquear sus relaciones con Rusia enviando a Moscú a sus máximos representantes. Sarkozy como presidente de turno de la Unión; Barroso, presidente de la Comisión Europea; y Solana, responsable de la política exterior común, se reunirán en el Kremlin con el presidente ruso, Medvedev.
Tanto la Unión Europea como Rusia tienen claro que les interesa llevarse bien. Europa depende del suministro energético ruso; pero Rusia necesita el mercado europeo. A ninguna de las dos partes les conviene el conflicto, ni siquiera esa "guerra fría" propia de épocas ya pasadas, es decir, unas relaciones políticas malas que impiden unas relaciones económicas buenas.
La "guerra fría" le pueden venir bien a los Estados Unidos, pero no a Europa. Algunos países europeos acostumbrados a seguir siempre a EE. UU. quieren una línea de firmeza, pero Francia, Alemania, Italia y España están apostando por la moderación.
Sarkozy, Barroso y Solana van a Moscú para tranquilizar las cosas. No obstante, necesitan que Medvedev les dé algo. Por ejemplo, que cumpla del todo el acuerdo que firmó hace tres semanas y por el que se comprometía a retirar a sus soldados de Georgia.
No se van a marchar de Osetia del Sur ni de Abjasia, regiones cuya independencia con respecto de Georgia ha reconocido Moscú, pero sí tienen que irse del resto del territorio georgiano, y aún continúan allí. Eso da munición política a EE. UU., Gran Bretaña y los países europeos del Este, que estos últimos sí tienen motivos históricos para recelar de los rusos.
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