03/07/2008
El rescate de Ingrid Betancourt y otros catorce secuestrados por las FARC es un éxito para el presidente Álvaro Uribe y le ayudará a seguir en el poder. Uribe está intentando que se apruebe una reforma constitucional que le permita presentarse a un tercer mandato.
Además, está amenazado por el asunto de la llamada “parapolítica”: varios diputados de su partido, incluido un familiar suyo, están acusados de haber tenido lazos con los paramilitares.
Los paramilitares, agrupados en las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia, surgieron como respuesta a las acciones de la guerrilla y cometieron graves violaciones de los derechos humanos. Muchos campesinos fueron asesinados porque los paramilitares les acusaban de colaborar con la guerrilla.
Hace dos años, los paramilitares llegaron a un acuerdo con el Gobierno colombiano y dejaron las armas, cosa que no han hecho las FARC; pero las complicidades de una parte de los políticos con los paramilitares siguen saliendo a la luz. Esos nubarrones en el futuro político de Uribe quedan despejados tras el rescate de Betancourt.
Uribe apostó desde el principio por la mano dura con la guerrilla y ha conseguido el respaldo de muchos colombianos a esa política. El éxito de Uribe es al mismo tiempo el fracaso de las FARC, impopulares en Colombia y despreciadas en el extranjero. El último apoyo que tenían, el de Chávez, lo perdieron hace unas semanas, quizá porque el presidente venezolano ya se esperaba lo que iba a pasar.
Las FARC descarrilaron hace tiempo, cuando convirtieron el secuestro en una industria y se mancharon las manos con el narcotráfico. Tuvieron la oportunidad de lograr la paz que les ofreció el presidente Andrés Pastrana, pero midieron mal sus fuerzas y siguieron por el camino equivocado.
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